sábado, 20 de enero de 2018

Revolución Azul o Revolución Reconquistadora





Revolución Azul o Revolución Reconquistadora Diciembre 1867 - Junio 1868

Fue un movimiento insurreccional mediante el cual diversos sectores políticos y regionales, más  o menos puestos de acuerdo, derrocaron al presidente de la República Juan Crisóstomo Falcón y a su sucesor interino Manuel Ezequiel Bruzual.
Con las acciones emprendidas bajo el nombre de Revolución Azul se definió, en su fase militar, el conflicto político que existió en 1868 entre importantes núcleos liberales y el gobierno del mariscal Juan Crisóstomo Falcón. Aunque el movimiento insurreccional tiene  fechas precisas de surgimiento y conclusión, las causas por las cuales se originó deben ser rastreadas mucho más  allá  de su cronología inicial. En efecto, pueden fecharse desde 1864, el año siguiente al triunfo de la Guerra Federal y del acceso de su dirigente máximo,  Falcón, a la presidencia de la República.
Los argumentos ventilados en todo este proceso evolucionaron desde ligeros resentimientos personales hasta la impugnación del mandato presidencial de éste, incorporando como último alegato la necesidad de salvar la revolución. En 1864, la disidencia había comenzado a hacer armas, y por espacio de 3 años, acumuló experiencias militares y políticas en casi todo el país, destacándose  entre los enemigos más  encarnizados del gobierno connotados dirigentes liberales quienes, por afinidad de credo político, deberían de haber sido solidarios con el mariscal presidente y su gestión. Se trataba, no obstante, de pronunciamientos regionales exitosamente combatidos. Pero, en 1867, casi no había una localidad significativa donde la represión, desatada para evitar los alzamientos o castigarlos después de disueltos, no agrupara a liberales descontentos. Estos ya propendían más  a un entendimiento con los conservadores para estructurar la oposición antes que a reintegrarse al ideario político del cual procedían; eso sí,  fenómeno curioso, sin renunciar a considerarse militantes del liberalismo.
En septiembre de 1867, se constituyó en Caracas un comité de liberales y conservadores cuyo objetivo básico  era derrocar el gobierno. Sus miembros principales eran los generales Luciano Mendoza y Pedro Ezequiel Rojas, así como Guillermo Tell Villegas, Elías Rodríguez, Martín J. Sanabria y José Antonio Mosquera. Inmediatamente comenzaron a establecer contactos con personas de confianza en otras ciudades. Pero el mayor problema de los liberales opuestos al gobierno era la falta de un jefe nacional con suficiente personalidad para unificarse en torno a él. Llegaron a opinar que lo fundamental era mantener la rebeldía local y cuando se produjeran los levantamientos militares provocados por el deterioro de la situación, entonces surgiría un conductor a quien seguir. En ese estado de cosas, ocurrieron diversos intentos insurreccionales en varias partes del país, incluyendo la fallida revolución, llamada La Genuina y comandada por Luciano Mendoza.
En muchas comarcas surgieron y se fortalecieron grupos guerrilleros que mantenían en jaque a las tropas gubernamentales, y mientras éstas se ocupaban de sofocar unos, otros focos actuaban con relativa libertad.
El 31 de octubre de 1867, Falcón hizo uno de sus frecuentes retiros a Coro, de donde regresó a Caracas el 27 de noviembre; encontró la situación política un tanto complicada pues, al movimiento guerrillero, se agregaba la proximidad de las elecciones, respecto de las cuales se comenzaba a comentar, sin aparente fundamento, que en círculos oficiales se estaba preparando una reforma constitucional para facilitarle a Falcón un nuevo mandato presidencial. 
El 12 de diciembre de 1867 comenzó en Villa de Cura (Edo. Aragua), un movimiento insurreccional bautizado con el rótulo de Reconquistador, el cual reconoció como jefe al general Miguel Antonio Rojas y escogió por distintivo una bandera de color azul, que en definitiva, le daría su nombre a la revolución.
En la misma fecha, en Carabobo, el general Gonzalo Cárdenas  ciñó las armas contra el gobierno y salió en campaña hacia Cojedes. A pesar de las protestas privadas y públicas de Falcón, desmintiendo las aspiraciones reeleccionarias que se le imputaban y a pesar de que el mariscal manifestó, más  de una vez, e intentó demostrarlo, que deseaba evitar la guerra civil, a fines de 1867 ésta era una realidad. Desde enero de 1868, se complicó aun más  la situación militar.
José Tadeo Monagas
El Comité de Caracas trataba de asegurarse ahora el respaldo del general José Tadeo Monagas, quien se mantenía a la expectativa en oriente. La actividad militar recrudeció en los valles del Tuy y en febrero de 1868 los jefes revolucionarios podían hablar de efectivos en armas que sobrepasaban el millar de hombres.
A principios de marzo, las acciones armadas cobraron nuevos bríos en los sitios donde habían prendido. En esos mismos días ocurrió un alzamiento en Barcelona, con el apoyo más  o menos abierto del general José Tadeo Monagas; el 7 de marzo, ya se había extendido a Cumaná;  2 días más  tarde, el gobierno declaró bloqueadas las costas orientales desde la desembocadura del río Unare y el 25 de marzo, el general Monagas, quien contaba más  de 80 años de edad, publicó un manifiesto en el cual tomaba partido contra el gobierno.
La revolución, por lo tanto, tenía ya 2 jefes: el general Miguel Antonio Rojas, el comandante del movimiento Reconquistador en el centro y José Tadeo Monagas, el caudillo de oriente. La situación nacional empeoró con la instalación del Congreso en Caracas el 24 de abril, pues la oposición, que lo controlaba, pretendió excluir a los senadores y diputados que hubiesen prestado servicios públicos o militares al gobierno; se aproximaba la elección de los designados a la presidencia, y así sería fácil  a los disidentes escoger 2 hombres de confianza.
El Congreso dejó de funcionar por falta de quórum en la Cámara  de Diputados; en consecuencia, el acto legislativo de la elección de los designados no podía cumplirse porque una sola cámara  no formaba Congreso. Ante esta situación, Falcón resolvió reorganizar el gobierno el 28 de abril; nombraría nuevos ministros y se retiraría de la presidencia para ponerse al frente del ejército; los ministros eligieron entre ellos un presidente-encargado, el cual fue el general Manuel Ezequiel Bruzual, quien asumió el cargo el día 30 de abril. Mientras tanto, las partidas revolucionarias al mando del general Miguel Antonio Rojas se disponían a lanzar una campaña sobre Caracas y los estados orientales se aprestaban también a la acción militar.
En occidente, el general Pedro Manuel Rojas amenazaba con llevar la guerra al Apure. Yaracuy se convertía en un nuevo campo de operaciones y el general Luciano Mendoza volvía a entrar en actividad con su gente en los valles del Tuy. Pero la revolución seguía careciendo de un jefe único. El 4 de mayo, Falcón marchó a Coro y no volvió a tener figuración política.
El 5 se libró un combate entre Antímano y Palo Grande, al oeste de Caracas, en el que se enfrentaron las tropas del gobierno y las de Miguel Antonio Rojas. El 6 de mayo, otros insurrectos atacaron por el oriente de la ciudad, entre la Candelaria y San Lázaro; la capital estaba rodeada.
Antimano. Estación del Ferrocarril
Los jefes militares de ambos bandos convinieron en una tregua para realizar conferencias de paz, a resultas de las cuales, el día 11 de mayo, se firmó un convenio, el llamado Tratado de Antímano, por el que Rojas reconocía la constitucionalidad del gobierno, se unía a esa administración con sus tropas y era nombrado comandante en jefe de los ejércitos de occidente, centro y oriente de la República. Ratificado el tratado el día 13, el 16 hizo su entrada a Caracas el ejército Reconquistador, pasando a ejercer su cargo el general Rojas. La reacción de los orientales no se hizo esperar: un grupo revolucionario que desconocía el convenio reconoció como jefe al general José Tadeo Monagas, quien lanzó desde su cuartel general de Barcelona una proclama anunciando la marcha de las fuerzas a su mando sobre Caracas, contra lo que calificó de una «usurpación». De inmediato, este pronunciamiento encontró eco en Caracas, Valencia, Soledad, La Victoria y Maracaibo.
El 12 de junio llegó Monagas a Guatire con su ejército; desde allí envió emisarios a oír las proposiciones de paz que pudiera hacerle el gobierno. El propio general Bruzual se apresuró a tratar con Monagas, ante quien pretendió sostener las bases del acuerdo suscrito con el general Miguel Antonio Rojas, rechazando además  la exigencia de renuncia de Falcón que hacía el ejército de oriente.
El fracaso de las conversaciones señaló el comienzo de las hostilidades. El 22 de junio se rompieron los fuegos en Chacaíto y el 25 el pabellón azul ondeaba en la plaza Bolívar de Caracas; el 26 entró a la ciudad José Tadeo Monagas y el 27 lanzó un decreto anunciando los propósitos institucionales de la revolución. Nombró un gabinete de entre cuyos integrantes debía escogerse un presidente provisional; al día siguiente, este cuerpo eligió para dicho cargo a Guillermo Tell Villegas, quien había sido nombrado ministro de Relaciones Exteriores. José Tadeo Monagas se reservó el comando general del ejército, como garante de la estabilidad institucional y en nombre de la Revolución Azul. Con estos acontecimientos se inició el régimen, denominado gobierno de «los azules» en la historiografía venezolana.   

BIBLIOGRAFÍA:
Álbum de la Revolución: regalo a los suscriptores de «El Pensamiento Libre». Caracas: Imprenta de los Estados Unidos de Venezuela, 1868;
ALFONZO, LUIS GERÓNIMO. La revolución de 1867 a 1868. Caracas: s.n., 1868; Contra manifiesto. Caracas: [La Juventud Liberal de Caracas, 1868];
Fundación Polar (1998) Diccionario de Historia de Venezuela (CDROM) Caracas

HENRÍQUEZ, JOSÉ RAMÓN. Un capítulo para la historia de nuestro tiempo. Caracas: Imprenta de los Estados Unidos de Venezuela, 1868.

La Guerra Federal Venezolana



La Guerra Federal  




Guerra civil venezolana, también conocida con el nombre de Guerra Larga, Revolución Federal o Guerra de los Cinco Años, utilizada esta última denominación por aquellos historiadores que sitúan el comienzo de la guerra con los primeros alzamientos ocurridos contra el recién instaurado gobierno de Julián Castro (mayo-julio 1858).

Con la Revolución de Marzo de 1858, comenzó la cadena de acontecimientos que encendió la chispa de la Guerra Federal. Bajo la dirección de Julián Castro, el movimiento insurreccional prometía liberar a todos los trabajadores, sirvientes y campesinos que tomaran las armas de las deudas que tuvieran con sus patronos, sumas éstas que serían financiadas por la Tesorería nacional al triunfar la revolución. Pero, una vez consolidado el nuevo gobierno, el predominio del elemento conservador en su seno junto con las medidas de retaliación contra cualquier intento de oposición, reavivaron la lucha.
El 7 de junio de 1858, un decreto del presidente Castro ordena la expulsión de Venezuela de Juan Crisóstomo Falcón, Ezequiel Zamora, Wenceslao Casado, Antonio Leocadio Guzmán,  José Gabriel Ochoa, Fabricio Conde y otros futuros jefes de la contienda armada, mientras en los valles de Aragua, en la sierra de Carabobo y en los llanos de Portuguesa se levantan en armas, bandas de «campesinos armados», bajo el liderazgo de «hombres oscuros» (es decir mestizos) como Zoilo Medrano o José de Jesús González,  el Agachado, quien había acompañado a Zamora en la rebelión de 1846. Mientras la insurrección se extendía, el Gobierno se encontraba cada vez más  incapacitado para suprimir tales estallidos; a medida que se propagaba la revuelta, se aceleraban su vigor y su ritmo.
Rumores de que el Gobierno de Casto se proponía restablecer la esclavitud y que los hierros que se utilizaban para marcar los sacos de añil serían, en realidad, hierros para marcar a los futuros esclavos, servían para exaltar el terror de las poblaciones rurales a las cuales se les decía, además,  que iban a ser vendidas a los ingleses quienes, supuestamente, iban a utilizar su carne para hacer jabón y sus huesos para fabricar mangos de cuchillos y de bastones.
En respuesta, las consignas de: «¡Mueran los blancos!» y «¡Hagamos una nación para los indios!», eran muestras del grado de violencia alcanzado. Mientras tanto, la reunión en Valencia de una Convención Constitucional intentaba traducir los principios de la Revolución de Marzo en términos de un programa político.
Los diputados liberales ante la Convención se hicieron voceros de un sistema federal de gobierno, el cual, junto con el sufragio universal era, según ellos, «…lo que se necesitaba para asegurar la estabilidad de Venezuela…»
La nueva Constitución del 31 de diciembre de 1858 buscaba conciliar los puntos de vista liberales y conservadores. Sancionaba el sufragio universal de varones, reafirmaba la abolición de la esclavitud y esbozaba unas reformas en sentido federalista con la elección de gobernadores de provincia y mayores poderes para los municipios.
Pero, en realidad, la nueva Carta Magna se encontraba desfasada con relación al desarrollo de los acontecimientos en el país. Desde el destierro, en las vecinas islas caribeñas de Curazao y Saint Thomas, los jefes liberales expulsados en junio de 1858 se organizaban, preparaban tropas, elaboraban programas (destacándose  entre ellos el Programa de Federación, elaborado en Saint Thomas por la Junta Patriótica de Venezuela, presidida por Félix María Alfonzo). En agosto de 1858, un intento de los liberales para derrocar a Julián  Castro, conocido como La Galipanada, es debelado y fracasa; pero el domingo 20 de febrero de 1859, el comandante Tirso Salaverría, seguido de 40 hombres, asalta con éxito el cuartel de Coro, se apodera de 900 fusiles y lanza el «Grito de la Federación», cuya fecha pasará  luego a formar parte del escudo nacional, al lado de la fecha del 19 de abril de 1810. La guerra había empezado.
La Guerra Federal no involucró a todo el territorio venezolano. Los combates más  importantes quedaron circunscritos a la zona de los llanos altos y bajos (el territorio de los actuales estados Barinas, Portuguesa, Cojedes, Apure y Guárico);  varios brotes se registraron en la zona central (estados Falcón, Lara, Yaracuy, Carabobo y Aragua), así como en el oriente (principalmente en el territorio de los estados Anzoátegui  y Sucre), pero se trataba en estos casos de actividades de guerrilla que sólo lograron cobrar importancia en los últimos meses de la contienda. Regiones enteras del país, como los Andes, Guayana y el Zulia se mantuvieron prácticamente  al margen de la lucha.
En los Andes, particularmente, se rechazaron, en varias oportunidades, las incursiones de los «vándalos  de Apure», como así los llamaron.
Los efectos de la guerra sobre la economía del país han carecido de una evaluación precisa. Si bien es cierto que la ganadería quedó disminuida (resultado lógico de la concentración de los combates en las zonas de tradición pecuaria), aunque las estimaciones dadas de 7.000.000 de cabezas de ganado perdidas han sido fuertemente cuestionadas con toda la razón, por el historiador Eduardo Arcila Farías en vista de su falta de verosimilitud, otros rubros de la producción no sufrieron igual mengua. El café, en particular, extiende su predominio en la zona andina y, en Guayana, se inicia el ciclo del «boom algodonero» provocado por las incidencias de la Guerra de Secesión de Estados Unidos (1860-1865).
El problema aquí surge, en gran parte, debido a la carencia de cifras, producto del desbarajuste de los organismos de control y fiscalización de las aduanas; pero la falta de documentación estadística no equivale siempre a una ausencia de producción. Para lograr una comprensión del fenómeno, conviene analizar la Guerra Federal desde el triple aspecto militar, político y social. Durante el tiempo en que duró la contienda armada, el debate político, centrado en Caracas, giró en torno a la oposición tradicional entre los sectores liberales y conservadores. 
Roto el consenso inicial de la Revolución de Marzo de 1858, Julián  Castro buscó la alianza de uno u otro bando con el fin de lograr su propia permanencia en el poder. Sus maniobras, sin embargo, sólo lograron acelerar su caída (1.8.1859); el  establecimiento de un efímero Gobierno provisional federalista que dura menos de 24 horas y que, después del episodio de La Sampablera (2 de Agosto de 1859), es reemplazado por un nuevo Gobierno de tendencia conservadora. Sin embargo, dentro del propio Partido Conservador, se enfrentan 2 tendencias: la de los «constitucionalistas» o «legalistas», voceros de un Gobierno civilista y que apoyan a Manuel Felipe de Tovar y Pedro Gual; y la de los «dictatoriales», encabezados por Pedro José Rojas, quienes promueven la figura de José Antonio Páez  como única salida para restablecer la paz.


El segundo regreso de Páez  a Venezuela, en marzo de 1861, sirve para agudizar estas tensiones que resultan en el derrocamiento del presidente Pedro Gual (2 de Agosto de 1861) y la proclamación de una dictadura, encabezada por Páez  pero dirigida, en realidad, por Pedro José Rojas. Con la instauración de este gobierno dictatorial, el partido conservador quedó formando agrupaciones sin dirección y sin programa específico; y es dentro de este contexto que debe entenderse el documento redactado y firmado por representantes de la burguesía comercial caraqueña (el sector civilista del conservadurismo), quienes, dirigiéndose a la Cancillería británica  a través de la misión diplomática  inglesa en Caracas, imploraban la intervención de Inglaterra, a cambio de la oferta de «…desprenderse del territorio de la Guayana y negociarlo con la Gran Bretaña, pagando con él la deuda extranjera contraída con súbditos ingleses, y además  la deuda externa de la República…» (22 de Noviembre de 1861). Se trataba, en ese sentido, de pedir una intervención, tanto contra los insurgentes federalistas como contra el Gobierno paecista que había iniciado, para esa fecha, unas conversaciones con Falcón en busca de un entendimiento político. Estas conversaciones, llevadas a cabo en la sabana de Carabobo (diciembre 1861), no lograron resultado favorable, prolongándose  la lucha hasta las negociaciones del Tratado de Coche, en abril de 1863.


En el plano militar, la Guerra Federal fue, esencialmente, una guerra de guerrillas. Fue, también, en sus inicios por lo menos, la primera contienda armada en que se utilizó la recién instalada red del telégrafo eléctrico como medio de información; pero, al poco tiempo, la destrucción de los cables y de las estaciones telegráficas  paralizaría este servicio. Sólo durante el primer año (febrero 1859-febrero 1860), se puede hablar de una unidad de mando en el seno del Ejército federalista, en el desempeño de la cual Ezequiel Zamora, hasta su muerte inesperada en San Carlos (10 de Enero de 1860), demuestra unas destacadas cualidades como estratega.
Tres grandes batallas constituyen hitos de excepción en el desarrollo de los combates: la de Santa Inés (10 de Diciembre 1859) en que Zamora, al mando de 3.400 hombres, derrota al Ejército del Gobierno de 2.300 hombres, bajo el mando del general Pedro Ramos, con un saldo de 1.200 bajas entre ambos bandos aproximadamente; la batalla de Coplé (17de Febrero 1860) en que las fuerzas gubernamentales del general León de Febres Cordero derrotan al Ejército federalista bajo el mando del propio Falcón que contaba 4.500 hombres, y la batalla de Buchivacoa (días 26 y 27 de Diciembre 1862) en que los generales federalistas Manuel Ezequiel Bruzual y José González,  al mando de unos 3.000 hombres, derrotaron a los 2.500 soldados del general Facundo Camero. Pero, en realidad, fue la batalla de Coplé la que decidiría el curso general de la guerra. Después de la derrota sufrida, Falcón resuelve dispersar su ejército y, prácticamente  hasta la negociación final, salvo en la batalla de Buchivacoa antes mencionada, el resto de los encuentros armados no involucró, en promedio, a más  de 300 combatientes en uno y otro bando. Según los datos compilados por Manuel Landaeta Rosales, entre 1859 y 1863, se libraron 2.467 acciones guerrilleras y 327 «batallas» que conforman el marco de referencia para la cronología militar de la Guerra Federal.
El saldo en vidas de la contienda no se ha podido determinar con precisión: las estimaciones varían entre 150.000 y 200.000 muertos (sobre una población total de aproximadamente 1.800.000 hombres, o sea entre un 8% y un 11% de la población del país), aunque es necesario señalar que la malaria y las disenterías cobraron probablemente un número mucho mayor de víctimas que los combates propiamente dichos. Desde un punto de vista demográfico,  además  de la pérdida en vidas humanas, la Guerra Federal generó un importante proceso de movimiento de poblaciones, tanto por los combatientes que desplazó dentro de los teatros de operaciones guerrilleras como por las migraciones que suscitó, particularmente desde los llanos de Barinas y Portuguesa hasta la zona andina.
En la Guerra Federal, la dirección política de la insurrección, especialmente después de la muerte de Ezequiel Zamora, la desempeñan los terratenientes, capas sociales de la pequeña burguesía urbana y caudillos militares ideológicamente aburguesados, oprimidos pero no explotados por el orden político dominante…» Este hecho ayuda a entender el desfase, particularmente durante los inicios de la contienda, entre los manifiestos que justifican la rebelión y la reacción popular que suscitan.
El programa político del propio Zamora era de naturaleza esencialmente intelectual, primordialmente político y más  bien moderado que radical: exigía la abolición de la pena de muerte, la prohibición perpetua de la esclavitud y el sufragio universal combinado con el principio alternativo de gobierno. Pero, el «Grito de la Federación» traía consigo nuevamente la irrupción violenta en el escenario venezolano de las masas llaneras. Al igual que en 1813-1814 con las huestes de José Tomás  Boves, el ansia igualitaria de la «sociedad llanera» se enfrenta a la «sociedad jerárquica»  que de hecho, han mantenido las instituciones republicanas del país. Más  que una «insurrección campesina», en el sentido europeo de la palabra, la Guerra Federal presenció un renovado intento de fusión entre 2 realidades sociales y raciales, blancos contra razas mezcladas, de la Venezuela agraria.
Por ello, el período de 1859 a 1860, cuando la insurrección se concentra y cobra fuerza en los llanos apureños, portugueseños y barineses, es visto como el año de la gran amenaza, de la grande peur. De allí la insistencia de muchos autores en destacar los aspectos de «barbarie» que caracterizaron muchos episodios de la contienda.
Muerto Zamora y dispersado el Ejército federalista después de la batalla de  Coplé, el impacto social del movimiento se atomiza. Las tropas federales, armadas de formularios en blanco firmados por Falcón o por otros jefes, otorgaban ascensos y títulos militares a lo largo y ancho del país.
Como señala José Gil Fortoul «…había coroneles y capitanes analfabetos, y antiguos esclavos convertidos en generales; ellos no sabían leer ni escribir, pero todos tenían licencia para saquear, destruir y matar…» Sin embargo, en términos de sus consecuencias, la Guerra Federal no modificó las estructuras de una sociedad agraria tradicional. La solución conciliatoria adoptada con la firma del Tratado de Coche, en abril de 1863 consagró el triunfo nominal de la Federación, aunque en la práctica  este principio político nunca pasó de ser una ficción. Falcón distribuyó liberalmente los frutos de la victoria entre él mismo y sus compañeros más  allegados. Se le atribuye en ese sentido al general federalista José Loreto Arismendi la cínica o desencantada declaración «…luchamos cinco años para sustituir Ladrones por Ladrones, Tiranos por Tiranos…» Al lado del «blancaje» que seguía en la cúspide del poder político y económico, comenzaron a figurar apellidos de «origen oscuro», surgidos de la lucha. Pero, dentro de la realidad histórica concreta de la Venezuela de mediados del siglo XIX, el fundamento material de una sociedad oligárquica  continuaba intacto. «Crisol de la igualdad social», «insurrección campesina», «guerra revolucionaria», «guerra racial», han sido algunos de los calificativos con los cuales se ha intentado caracterizar la Guerra de los Cinco Años.
El debate en torno al federalismo nunca pasó de ser un intercambio ideológico entre las élites políticas del país. Quizás,  entonces, deba buscarse el significado más  profundo de la Guerra Federal en el proceso integrador que representó para 2 sociedades venezolanas antagónicas y en pugna.

Bibliografía
Fundación Polar (1998) Diccionario de Historia de Venezuela (CDROM) Caracas

lunes, 23 de enero de 2017

Academia Militar de Venezuela.


Escuela Militar
 Instituto donde los alumnos llamados cadetes reciben, bajo régimen militar, enseñanza básica  para la carrera de oficial del Ejército. También se denomina Academia Militar por influencia de la tradición española, así como por haberse creado originalmente academias de matemáticas  con aplicaciones militares, para formar e instruir oficiales llamados facultativos en las especialidades de artillería e ingenieros.
En Venezuela, como en otros países de América, funcionaron varios institutos de esa especie durante la última parte del período colonial. Cabe mencionar, entre éstos, el que fundó en Caracas, en 1760 el teniente coronel Nicolás  de Castro y el que estableció en La Guaira, en 1761, el capitán  de artillería Manuel Centurión «...para la instrucción de la juventud, así militar como política...»; en esta última institución se daban cursos de matemáticas  superiores, tanto a futuros aspirantes a oficiales como a estudiantes civiles.
El 3 de septiembre de 1810, fue decretada la creación de una Academia Militar de Matemáticas,  por resolución de la Junta Suprema de Caracas, firmada por el secretario de Guerra, Lino de Clemente, la cual debía iniciarse en la capital y admitiría preferentemente a militares, bajo dirección del subinspector de ingenieros y responsabilidad del gobernador militar. Dicha Academia fue reorganizada el 31 de diciembre de 1811, de acuerdo con un reglamento particular.
La caída de la Primera República y las circunstancias azarosas de la Guerra de Independencia afectaron la continuidad de la Escuela Militar. Sin embargo, hay numerosos documentos probatorios de las preocupaciones del Libertador Simón Bolívar y otros altos jefes militares, que perseguían crear un instituto permanente para formar oficiales.
La constitución de una Escuela Militar estabilizada durante el período republicano se logra cuando el Congreso Constituyente de Venezuela decreta en Valencia el 14 de octubre de 1830, con el acuerdo del presidente de la República general José Antonio Páez, que  la Escuela de Matemáticas  de la Universidad de Caracas fuera regentada por un primer y segundo maestros, para que sirviera al mismo tiempo de Escuela Militar, atendiendo a las recomendaciones del profesor en ciencias exactas Juan Manuel Cajigal, propuesto para comandante de ingenieros y primer director, así como al informe de José María Vargas, del general Carlos Soublette y del licenciado José Grau; esta Academia Militar duró casi medio siglo, hasta 1879, bajo la dependencia de los secretarios de Guerra y Marina, graduando a oficiales para los cuerpos de artillería e ingenieros en cursos de 6 años, y de 4 y 2 años, para las demás  armas del Ejército, además  de los ingenieros civiles egresados como agrimensores. Entre 1880 y 1889, se interrumpe el funcionamiento de la Academia Militar y se forman los oficiales en cuerpos de tropa.
El 16 de abril de 1890, el presidente Raimundo Andueza Palacio decretó una Academia Militar para oficiales, bajo la dirección de un general del Ejército, la cual funcionó hasta 1893, año en que se interrumpió. El 12 de diciembre de 1895, el presidente Joaquín Crespo emitió a su vez un decreto, instituyendo la Escuela Militar de Artillería del Distrito Federal, con la misión de formar y proveer instrucción teórica y práctica  a los oficiales y clases del arma, así como estudiar fortificaciones permanentes, de campaña y materiales de guerra; para 1898 fue elevada la Escuela a la categoría de Academia, en virtud del éxito obtenido y en 1899, se preparó un decreto para transformarla en Academia Militar General para las armas y servicios, inclusive estado mayor.
La Revolución Restauradora que derrocó al presidente Ignacio Andrade, retardó el proyecto y la instrucción de oficiales volvió a darse en los cuerpos de tropa; el 4 de julio de 1903, el presidente Cipriano Castro decretó la organización de la Academia Militar de Venezuela conforme a un código reglamentario para formar oficiales de infantería, caballería, artillería e ingeniería y estados mayores, y ordenó la construcción de un edificio expresamente previsto en La Planicie de Cajigal, en Caracas, inaugurado el 23 de mayo de 1908. Fue el general Juan Vicente Gómez, presidente de la República, quien instaló la Academia Militar, el 5 de julio de 1910, como parte de los actos conmemorativos del centenario de la declaración de la independencia. Desde aquella fecha ha venido funcionando, primero en La Planicie y actualmente en El Valle.
El curso duraba 3 años para alumnos internos y externos, organizados en una compañía. Cada estado de la Unión proveía 2 aspirantes y 6 el Distrito Federal. Las materias eran de cultura general y profesional; la instrucción, teórica y práctica.  En febrero de 1918, se decreta un reglamento y se reorganizan el Instituto y su plan de estudios, incorporando las experiencias de la Primera Guerra Mundial.
El 19 de abril de 1928, dispuso el presidente de la República la clausura de la Escuela Militar por causa de los hechos político-militares ocurridos en el país; el 13 de diciembre del mismo año se creó en Caracas una Escuela de Aspirantes a Oficiales, trasladada luego a Ocumare de la Costa, donde funcionó entre el 7 de marzo y 8 de diciembre de 1930, regresando, en esta última fecha a Caracas; el 7 de febrero de 1931, se constituyó en Maracay la Escuela Militar y Naval, con carácter  provisional, a partir de razones políticas y económicas; la fusión de ambas escuelas duró hasta el 15 de febrero de 1937, cuando el presidente de la República general, Eleazar López Contreras, decretó su organización por separado, instalando la Escuela Militar en Caracas, de nuevo en La Planicie de Cajigal. Ahí permaneció hasta 1949, fecha en que fue reestructurada conforme a cambios resultantes de experiencias de la Segunda Guerra Mundial, sus efectivos aumentados a 3 compañías y se mudó al edificio especialmente construido para 500 cadetes, por decreto del general Isaías Medina Angarita, durante su período presidencial.
El 10 de febrero de 1954, el gobierno presidido por el general Marcos Pérez Jiménez reorganiza nuevamente la Escuela Militar al crearse la Escuela Básica  de las Fuerzas Armadas, que une bajo un mando único a oficiales del Ejército, Marina, Aviación y Guardia Nacional, para impartir 2 años de formación común a los cadetes de las diferentes Fuerzas Armadas, pasando éstos luego a completar su carrera en sus respectivas escuelas. En abril de 1958, se iniciaron estudios conjuntos para evaluar los resultados prácticos  de la Escuela Básica  y se recomendó, por interés especial de la Marina y Aviación, que se restituyeran los cadetes a Escuelas separadas, a fin de darles la base de su carrera profesional en los medios donde deberían actuar.
La Escuela Militar quedó ubicada en el edificio que ocupaba la Escuela Básica,  con capacidad para 1.200 plazas. Desde junio de 1958, se autorizó el regreso de los cadetes a las otras escuelas. La Escuela Militar aumentó sus efectivos a un batallón y elevó sus exigencias de ingreso, poco después, al 5º año de educación secundaria, solamente en la especialidad de ciencias. Así dejó de formar bachilleres que procederían en el futuro de los liceos civiles y militares de la República; esta reorganización tuvo lugar bajo la presidencia constitucional de Raúl Leoni. La misión de formar líderes a la vez que jefes militares, dada a la Escuela Militar, provocó una revisión de los requisitos de admisión y del plan de estudios, pues la tarea de conducir hombres implicaba mayor conocimiento de psicología aplicada, sociología, pedagogía, derecho, moral y teoría política.
Los cursos de la Academia Militar, a la cual se restituyó su nombre tradicional, son actualmente de nivel superior y aceptan bachilleres de todas las procedencias, si llenan los requisitos de ingreso establecidos en conformidad con el plan de estudios, el cual es evaluado con regularidad; aquéllos consisten en exámenes  de antecedentes de orden moral, psicotécnicos, intelectuales, físicos y fisiológicos. 
La formación profesional prevista es integral; allí se familiariza al aspirante a oficial con las características del medio donde deberá  actuar, en sus aspectos culturales, sociopolíticos y económicos. También se le inicia en las probables direcciones de evolución que tendrán  los grupos humanos del país, dentro de las expectativas de cambios científicos y tecnológicos que influirán  sobre el ambiente general del futuro. Los oficiales egresan como licenciados en ciencias y artes militares con opción terrestre.    M.G.V.

BIBLIOGRAFÍA:
BENCOMO BARRIOS, HÉCTOR. (1956) Biografía de un edificio: breve historia del edificio de la Academia Militar de Venezuela, construido en la Planicie. Caracas: Oficina Técnica del Ministerio de la Defensa CAJIGAL y ODOARDO, JUAN MANUEL.(1976) Estudios literarios y científicos. 2ª ed. Caracas: Imprenta Nacional
GARCÍA VILLASMIL, MARTÍN. (1964) Escuelas para Formación de Oficiales del Ejército: origen y evolución de la escuela militar. Caracas: Ministerio de la Defensa
JIMÉNEZ VELÁSQUEZ, JOSÉ JOAQUÍN. (1948) La Academia Militar de Venezuela. Caracas: Editorial Grafolit
PAREDES URDANETA, RAFAEL.(1940) Bosquejo histórico de la Academia o Escuela Militar de Venezuela desde el 19 de abril de 1810. Caracas: Editorial Cecilio Acosta
VENEZUELA. ESCUELA MILITAR.(1950) La Escuela Militar de los Estados Unidos de Venezuela: inauguración del nuevo edificio, 26 de marzo de 1950. [Caracas: Tipografía Vargas]
HEMEROGRAFÍA (1961) «Fecha de la fundación de la Escuela Militar de Venezuela». EN: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Caracas, núm.  174, abril-junio

sábado, 21 de enero de 2017

La fiesta de Antonio Guzmán Blanco



La Fiesta de Guzmán

           Al poco tiempo de la toma de Caracas, tras el triunfo de la llamada revolución azul (1867-1868) donde es nombrado presidente provisional de Venezuela Guillermo Tell Villegas y autonombrado comandante general del ejército José Tadeo Monagas, Antonio Guzmán Blanco regresa al país proveniente de Europa, esto causa malestar y desconcierto entre Conservadores y Liberales e inmediatamente inician una campaña de desprestigio en contra suya.
Antonio Guzman
Inmediatamente a su llegada, Guzmán forma un grupo político bajo la denominación de Unión Liberal, donde intenta reunir a los liberales molestos con el gobierno que se inicia, para ello se  dedica a esparcir sus ideas en contra de la violencia y el terror de las revueltas y golpes de estado y a favor del civilismo. 
Por otro lado, en el gobierno de los azule se viven momentos críticos, pues el gran caudillo de ese movimiento, José Tadeo Monagas candidato presidencial en 1868 y jefe del ejercito muere a los 80 años de edad.
Este acontecimiento es aprovechado por Guzmán  Blanco, quién trata de convertir a su organización con el en la cabeza en una fuerza política, par ello decide brindar un baile el día 14 de agosto de 1869, con el propósito de reunir la crema y nata de la sociedad caraqueña y arreglar las encontradas opiniones políticas.
Sin embargo, por sus contrarios, esta fiesta fue tomado como una provocación y, de inmediato y desde el día anterior a la celebración del baile, comienzan a aparecer avisos y panfletos en las calles de Caracas  en contra de la reunión, y con la firma del general Rafael Vicente Valdez.
La reunión social no llegó a iniciarse. En las puertas de la residencia de Guzmán  Blanco, situada entre las esquinas de Conde y Carmelitas, se agrupó una horda de personas que impidió la entrada de la mayoría de los invitados, quienes ante el temor de ser atacados, buscaron se refugio en casas vecinas, entre los invitados se encontraba  el encargado del Ejecutivo Nacional, Guillermo Tell Villegas,  por otro lado, la multitud de personas que abucheaban a los invitados y al propio Guzmán, también obligó a que los músicos se marchasen de la casa.
 A continuación, el salón dónde se realizaría la festividad fue apedreado, y cundió el temor que la residencia fuera invadida. Al estar en peligro las vidas de los invitados y del mismo Guzmán  Blanco, se solicitó la presencia del orden publico, pero nadie se presentó a imponer el orden.
Este ataque, que fue atribuido a los llamados Lincheros de Santa Rosalía, se mantuvo por varias horas y se cree que el autor intelectual de este bochornoso acontecimiento fue el hijo de José Tadeo, José Ruperto, quién estuvo en disputa por el gobierno con el sobrino del fallecido caudillo, Domingo Monagas.
Caricatura Antiguzmancista.(1)
Antonio Guzmán  Blanco, al día siguiente de los acontecimientos bélicos en su contra, solicita asilo en  la Delegación Estadounidense y sale del país con destino a  Curazao.
Este atentado le favoreció en su carrera política, pues recibió el apoyo de gente que hasta el momento del incidente le había sido adversa, meses después logra regresar triunfante de su exilio y tomar el poder en abril de 1870, tras la llamada revolución de Abril.

(1) "Voy a acabar con los pobres" Dibujo de Arturo Michelena a los 13 años 

BIBLIOGRAFÍA
Alfonzo, Luis Gerónimo (1968) La revolución de 1867 a 1868. Caracas, (S/E)
Arocha José y Delgado Miguel(1964) Patria Soberana, historia venezolana. Segunda Edición, Caracas, Editorial Salesiana.
Carrera Damas Germán (1998) Formulación definitiva del proyecto nacional 1870-1900, Serie Cuatro Repúblicas, Caracas, Cuadernos Lagoven

domingo, 13 de noviembre de 2016

El Partido Conservador en Venezuela siglo XIX, Oligarquía conservadora

Oligarquía conservadora

Algunos historiadores han denominado como oligarquía conservadora al grupo sociopolítico-económico que gobernó al país entre 1830 a 1847.

Durante de esos años ejercieron de manera sucesiva la Presidencia de la República: José Antonio Páez (1830-1835); José María Vargas (1835-1836), cuyo período constitucional fue completado por el vicepresidente Andrés Narvarte (1836-1837), primero y, luego, por el vicepresidente Carlos Soublette (1837-1839); de nuevo José Antonio Páez (1839-1843) y Carlos Soublette (1843-1847).

El personaje más influyente en el campo político militar de esa etapa fue el general Páez.

Otros historiadores, en cambio, han llamado al período 1830-1847 “Gobierno Deliberativo”, tomando como base que durante aquellos años se mantuvo una gran discusión de los problemas nacionales, además se observó algún equilibrio entre los llamados poderes Ejecutivo y Legislativo del Poder Público. 

El Partido Conservador en Venezuela siglo XIX

José Antonio Páez
Aunque no tuvo  una estructura organizada como la de los partidos políticos, la organización política Conservadora surge en el segundo período de José Antonio Páez, pues los grupos contrarios a su gobierno comienzan a organizarse en torno a otra estructura partidista, razón por la cual, los conservadores c se organizan en torno a la figura de Páez y conforman su Organización política.


José Antonio Páez es la persona que representa al gobierno, el caudillo que se aprovecha del prestigio que tiene y ha tenido desde tiempos de la guerra de independencia para presidir este nuevo grupo partidista.


         La mayoría de los dirigentes del partido conservador son personas que ostentan altos cargos en el gobierno de ese momento, gente del sector mercantil y mantuanos de familias aristócratas desde la época de la colonia, siendo la razón por la cual adaptan el término Conservador.


         También se les llamó y llama en muchos textos como: Partido Godo, Constitucional, Legalista, Civilista, Oligárquico. 
          El bando Conservador gobernó en Venezuela desde 1830 hasta 1848 y usaron como color distintivo, el rojo


BIBLIOGRAFÍA:
BELMONTE GUZMÁN, AMALIO y otros. (1917-1968). Ensayo sobre historia política de Venezuela  Caracas: Academia Nacional de la Historia,
BRICEÑO, MARIANO DE. (1855) Estudios sobre los partidos. Caracas: Imprenta Nacional de M. de Briceño,
LUTOWSKY, ALBERTO y otros (1899)  Para la historia del partido liberal. Caracas: Imprenta Bolívar


Primer partido político de Venezuela - La Sociedad Patriótica de Venezuela.

La Sociedad Patriótica de Venezuela.
Primer partido político de Venezuela

Algunos historiadores consideran que la Sociedad Patriótica, fundada por un grupo de caballeros con ideas de libertad a fines de 1810 o comienzos de 1811, fue el primer partido político en la historia de Venezuela cuyo, su excusa fue el de fomentar la agricultura y la economía, pero cuando leemos como actuaron algunos de sus miembros como Miguel Peña o Francisco de Miranda, Simón Bolívar o Francisco Espejo, dando cariz político tanto en sus intervenciones, proclamas y actuaciones presionando al congreso conformado después de los sucesos del 19 de abril de 1810, para que se decidiera a proclamarse pro independentista, observamos entonces,  como se convirtió en un grupo incansable de propaganda independentistas.

La Sociedad Patriótica estuvo compuesta por más de 500 miembros en Caracas, y tuvieron filiales en Valencia, Puerto Cabello, Barinas y Barcelona, y tenía una estructura similar a los partidos políticos actuales, además contaron con un periódico, El Patriota de Venezuela, que sirvió de vocero de sus ideas y pensamientos, y cuyos principales redactores fueron Vicente Salías y Antonio Muñoz Tebar, también como buen partido político que se precie de serlo, tuvieron su ala radical, haciéndose llamar, Los Sin Camisa, con un líder que les guiaba, el sacerdote José Joaquín Linedo y Larrea


BIBLIOGRAFÍA:
BELMONTE GUZMÁN, AMALIO y otros. (1917-1968). Ensayo sobre historia política de Venezuela  Caracas: Academia Nacional de la Historia,
BRICEÑO, MARIANO DE. (1855) Estudios sobre los partidos. Caracas: Imprenta Nacional de M. de Briceño,
LUTOWSKY, ALBERTO y otros (1899)  Para la historia del partido liberal. Caracas: Imprenta Bolívar 

Partido Liberal de Venezuela - Siglo XIX, Oligarquía liberal


Oligarquía liberal

Los gobiernos que rigieron al país desde marzo de 1847 hasta marzo de 1858, son denominados como  los gobiernos de la Oligarquía Liberal, En este sentido se dice que los presidentes José Tadeo Monagas (1847-1851), José Gregorio Monagas (1851-1855) y de nuevo José Tadeo Monagas (1855-1858), conformaron los liberales, como diferenciación de los Conservadores y porque los hermanos Monagas (en especial José Tadeo durante su primera Presidencia) tuvieron el apoyo del Partido Liberal o de prominentes miembros del mismo, aunque no fue este partido el que gobernó durante el período denominado Oligarquía Liberal.


Partido Liberal de Venezuela - Siglo XIX

En Caracas, en la primera mitad de 1840 y gracias a la iniciativa de Tomas Lander, un rico hacendado y un grupo de civiles resuelven fundar una asociación de hombres probos con el fin de participar de manera organizada en el debate político nacional. Venían reuniendose desde el año 38, e incluso publicando un programa de acción en un periódico que llevaba por nombre La Bandera Nacional.
         Pero es en 1840 cuando se concreta la idea del partido político y fundan en Caracas, pero con aspiraciones de convertirse en partido Nacional, la organización política que se denominó Sociedad Liberal de Caracas , que más tarde se extiende por toda Venezuela.
Antonio Leocadio Guzmán
         Así mismo, para poner en marcha su programa, fundan el periódico EL Venezolano, y nombran como redactor a Antonio Leocadio Guzmán, quien con el lema o consigna “hombres nuevos, principio alternativo”, en su primer editorial, expone el grito de combate del nuevo partido.
Para muchos, el nacimiento del partido se confunde con el del periódico, y Guzmán comienza a tomar configuración, y con el paso del tiempo se torna como jefe de esa organización, su táctica y las campañas periodísticas en contra de los conservadores lo acercan y lo idetifican con las masas populares.
José Grgorio Monagas
En escaso tiempo, el partido liberal crece como un gran movimiento en el resto del país y en 1840 intervienen en las elecciones con el nombre de Gran Partido Liberal, con Antonio Leocadio Guzmán como candidato presidencial, enfrentando a un sector del partido que desde Barcelona propone a José Gregorio Monagas.
Eso no hace que Guzmán se descuide y junto a los letrados José Manuel García y Manuel María Echeandía, elaboran su programa de gobierno.
El partido liberal, al igual que todos los partidos, estuvo conformado por gente de todos los sectores económicos, lo que lo convirtió en un partido policlasista, aunque la mayoría de su dirigencia perteneció a los sectores pudientes de la sociedad.
Desde 1840 los liberales usaron como distintivo el  color amarillo en sus banderas y luego el mismo color será  adoptado por los federalistas

BIBLIOGRAFÍA:
BELMONTE GUZMÁN, AMALIO y otros. (1917-1968). Ensayo sobre historia política de Venezuela  Caracas: Academia Nacional de la Historia,
BRICEÑO, MARIANO DE. (1855) Estudios sobre los partidos. Caracas: Imprenta Nacional de M. de Briceño,
LUTOWSKY, ALBERTO y otros (1899)  Para la historia del partido liberal. Caracas: Imprenta Bolívar 




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