sábado, 27 de enero de 2018

Gobierno de Ignacio Andrade


Gobierno de Ignacio Andrade, 28 de Febrero de 1898 - 19 de Octubre de 1899
El Gran Consejo Eleccionario, el 21 de marzo de 1897, designó al general Ignacio Andrade como candidato oficial del Gran Partido Liberal a las elecciones presidenciales de ese año.
Por exigencia del Consejo, el día 22, el general Andrade presentó un programa de gobierno en el que destacaban 2 propósitos:
1) el continuismo en cuanto a sucesión legítima de la administración del entonces presidente Joaquín Crespo,
 2) un gobierno democrático,  que según definición del mismo Andrade “…no es otra cosa que el gobierno del pueblo, para el pueblo, en el cual estén representadas todas las ideas, todas las aptitudes y todas las actividades…”
En el mencionado programa, tal como reseña el historiador Ramón J. Velásquez,  se contemplan también como puntos importantes los siguientes: «La unificación del partido liberal bajo la jefatura de Crespo; participación del país; movilización de la riqueza nacional, de acuerdo con expertos de la ciencia económica y conforme a los progresos modernos; aceptación de la vigencia de la oposición política; incorporación de la juventud a la participación en los puestos públicos; lucha contra los abusos y represión del crimen, regenerando al delincuente por medio de la enseñanza, el trabajo y la escuela en penitenciarías adecuadas; robustecimiento del Crédito Público a favor del equilibrio de los gastos, del cumplimiento severo de los compromisos y del sostenimiento del patrón oro; establecimiento de la Banca Hipotecaria; fomento de la iniciativa individual para que el Estado tenga un menor número de funciones; impulso de las relaciones exteriores de la República, sin menosprecio de su soberanía, sin mengua de sus principios democráticos,  ni abandono del derecho americano; perfeccionamiento y difusión de los medios de comunicación; protección al menesteroso y al infortunado mediante la fundación de establecimientos de beneficencia; honra debida a la memoria de los grandes servidores de la Patria».
Las elecciones del presidente de la República, por votación universal y directa de conformidad con la Constitución de 1893, se celebraron el 1 de septiembre de 1897. Joaquín Crespo había garantizado que serían libres. Sin embargo, de los candidatos que se presentaban, sólo parecía destacarse como favorito: José Manuel Hernández,  el Mocho, quien aparecía postulado por el Partido Liberal Nacionalista, baluarte de la oposición.
La evidente popularidad del Mocho Hernández,  su imagen de hombre honrado, aunque sin programa de gobierno definido y sobre todo, su campaña que utilizaba por primera vez en Venezuela los métodos electorales perfeccionados en Estados Unidos pronto convencieron a Crespo de que su candidato oficial, Ignacio Andrade, tenía pocas posibilidades de imponerse en los comicios. Por ello, el día de la votación, el gobierno mandó a ocupar las mesas por «…hombres del campo que llevaban el machete debajo de la cobija…», garantizándole  a Andrade un discutido triunfo. De acuerdo con el escrutinio realizado por el Congreso, el número de votos fue el siguiente: 406.610 para el general Andrade, 2.203 para el general José Manuel Hernández,  203 para Juan Pablo Rojas Paúl, 152 para el general Antonio Guzmán  Blanco, 47 para el general Pedro Arismendi Brito, 37 para el general Víctor Rodríguez, 11 para el general José Antonio Velutini y menos de 10 votos, por resultado individual, para el resto de los candidatos.
La obra de gobierno:
 Ignacio Andrade asumió la presidencia de Venezuela, para un período de 4 años, el 28 de febrero de 1898. Como mandatario, tuvo que enfrentarse a los designios del general Crespo, quien había preparado un aparataje político a objeto de asegurar su control y continuidad en el gobierno, y también tuvo que encarar una oposición política que rechazaba el propósito del continuismo materializado en el resultado fraudulento de la elección presidencial.
El abanderado de la oposición en un primer momento, fue  el Mocho Hernández,  quien lanzó, desde la hacienda de Queipa la proclama que dio inicio a un alzamiento, el 2 de marzo de 1898. En la proclama, Hernández   acusaba a Crespo de «feroz dictador» y a Andrade de «…extranjero afiliado al partido de los despotismos tradicionales de Venezuela…», e invitaba a las entidades federales para que se incorporaran a las filas de la revolución y lucharan por la restauración de su autonomía. Ese alzamiento se conoció con el nombre de Revolución de Queipa y contra ella, el presidente Andrade envió al propio general Crespo.
El 16 de abril de 1898 en una escaramuza, muere Crespo en el sitio conocido como La Mata Carmelera (Edo. Cojedes). El general Ramón Guerra, por designio presidencial, asume entonces la dirección de la campaña y el 12 de junio, en el sitio de El Hacha (Edo. Falcón) derrota y hace prisionero al Mocho Hernández.  Durante los escasos 20 meses de su administración, Ignacio Andrade, en realidad, no tuvo materialmente el tiempo de realizar obra alguna. La inesperada y violenta muerte de Crespo le dio, sin embargo, la oportunidad de intentar establecer su propia maquinaria política en el seno del Partido Liberal Amarillo. Crespo era, en efecto, el presidente titular del Gran Estado Miranda cuyo territorio abarcaba los actuales estados Aragua, Miranda, Guárico   y Nueva Esparta y por lo tanto, constituía una base  de poder, virtual antesala para la presidencia de la República. Ramón Guerra, el vencedor del Mocho Hernández  es el principal candidato para ocupar la vacante. Pero Andrade, ante la potencial amenaza, resuelve iniciar un proceso de reforma constitucional que, al devolverle sus autonomías a los 20 estados, según lo pautado en la Constitución de 1864, también desmantelaría al Gran Estado Miranda.
El debate sobre las autonomías se plantea a partir de abril de 1898. Andrade busca acelerar el procedimiento, sin tomar en cuenta la normativa constitucional vigente al respecto. En diciembre de 1898, al obtener la autorización de las legislaturas estatales correspondientes, procede directamente a conceder las autonomías, sin esperar la reunión del Congreso sobre el particular. Ramón Guerra, quien había sido elegido a la presidencia del Gran Estado Miranda, es designado entonces presidente del estado Guárico.  Hostilizado por el gobierno, se subleva en Calabozo (19.2.1899) y aunque logró ciertos éxitos en su campaña, fue derrotado por los ejércitos del gobierno el 22 de marzo. La derrota de este último alzamiento trajo momentáneamente  la paz deseada por la nación y por el presidente. En su primer y último mensaje del 27 de febrero de 1899, Andrade presentaba un cuadro aterrador de la situación económica del país. La caída en los precios del café había deprimido todos los sectores de la vida nacional. Sin embargo, las perspectivas en vista de la paz lograda, podían parecer halagadoras. Una aspecto de los debates del Congreso de 1899, en ese sentido, fue la aprobación de la primera Ley sobre Inversiones Extranjeras que se conoció en el país (20.4.1899). Sin embargo, el debate importante se inició el 22 de abril con la presentación de la reforma constitucional que buscaba sancionar la restauración de los 20 estados. A pesar de la elocuente oposición de una minoría de 25 diputados, entre ellos Francisco González  Guinán,  el proyecto resultó aprobado. El voto del 22 de abril sirvió de pretexto para la Revolución Liberal Restauradora de Cipriano Castro, iniciada en la noche del 23 de mayo de 1899, cuyo propósito declarado era el de «restaurar» la legalidad constitucional violada por Andrade. Después de una campaña de 4 meses y medio, la revolución, con la victoria de Tocuyito (14.9.1899), había triunfado militarmente. Abandonado por sus seguidores y virtualmente desautorizado por su propio gobierno, Ignacio Andrade resuelve abandonar el poder y exiliarse (19.10.1899). 
Tomado de: Fundación Polar (1998) Diccionario de Historia de Venezuela (CDROM) Caracas
 BIBLIOGRAFÍA:
ANDRADE, IGNACIO. La cuestión autonómica: exposición que dirige a los venezolanos el general Ignacio Andrade. Nueva York: Unz and Co., 1900; __. ¿Por qué triunfó la Revolución Restauradora?: memorias y exposición a los venezolanos de los sucesos de 1890-1899. Caracas: Ediciones Garrido, 1955;

BELLO RODRÍGUEZ, ZOILO. Al Partido Liberal de Venezuela. Puerto España: s.n., 1899; BLANCO FOMBONA, RUFINO. Una página  de historia: Ignacio Andrade y su gobierno. Caracas: Imprenta Sucre, 1900;

PÉREZ BERMÚDEZ, JUAN FRANCISCO. En los comicios. Caracas: Imprenta Bolívar, 1897; Proceso electoral de 1897: triunfo de la candidatura del general Ignacio Andrade para la presidencia de la República de Venezuela. Caracas: s.n., 1897;

VELÁSQUEZ, RAMÓN J. La caída del liberalismo amarillo: tiempo y drama de Antonio Paredes. 5ª ed. Caracas: Congreso de la República, 1987.

domingo, 21 de enero de 2018

Conquista y Colonización de Venezuela



Conquista y Colonización de Venezuela
La conquista de Venezuela se realizó en el siglo XVI, recién descubierta nuestra Patria, varias expediciones se dirigieron a sus costas en busca de oro y de perlas.
Isla de Cubagua siglo XVI
Para el año 1510, se establecieron en la isla de Cubagua los primeros buscadores de perlas. El comercio perlífero prosperó muy pronto. Pero los movimientos sísmicos y la piratería terminaron también rápidamente con la población. Para el año 1545, la isla estaba casi deshabitada.
En Cubagua se comenzó el infame comercio de indios esclavos. Los que se dedicaban a esa profesión recibieron el nombre de indieros. Para remplazar la ciudad de Nueva Cádiz, población de la isla, Marcelo Villalobos fundó, en 1524, la ciudad de La Asunción, en la isla de Margarita.
Indigenas esclavos buscando perlas
Las principales bases de las primeras expediciones conquistadoras destinadas a Venezuela son los puertos del sur de España, las islas Canarias y las Antillas, en especial Puerto Rico y la isla La Española (Santo Domingo). Al comienzo, los grupos de comerciantes o las huestes de guerreros y pobladores que llegan a Venezuela y las islas inmediatas están constituidos por españoles, alemanes, italianos, que a veces provienen directamente de la Península Ibérica o de las Canarias pero otras tienen ya adquirida experiencia «indiana» en las Antillas o en México y América Central. En general, los hombres son mucho más numerosos que las mujeres.
La conquista del territorio no se debió a expediciones militares organizadas y enviadas por la monarquía española, sino a la acción de particulares. Esta podía ser espontánea, sin previa autorización de la Corona, cosa que sucedía rara vez; tal fue la ocupación de la isla de Cubagua y el establecimiento allí de una ranchería provisional de los pescadores de perlas que más tarde se convertiría en la ciudad de Nueva Cádiz.
En otros casos, los interesados procedían a obtener el permiso del Rey, mediante una capitulación en la cual se especificaban las obligaciones de parte y parte, como lo hicieron los Welser con Carlos V; estas capitulaciones, debido a la forzosa imprecisión que ofrecían en cuanto al ámbito geográfico, fueron fuente de desacuerdos y pleitos entre conquistadores.
Otro tipo de conquista fue denominada “conquista espiritual”, realizada por sacerdotes, adopta métodos pacíficos para evangelizar a los habitantes del Nuevo Mundo, pero en el caso de Venezuela su tarea se verá obstaculizada desde el comienzo por la violencia con que actúan los conquistadores ávidos de riquezas, que en muchos casos capturan a los indios para venderlos como esclavos.
LOS MISIONEROS
Al lado de la conquista armada, los misioneros emprendieron la conquista pacífica. Los misioneros se proponían, ante todo, la conversión del indio a la fe católica.
Frailes Franciscanos
Los primeros en llegar a Venezuela fueron los misioneros franciscanos (1516). Luego llegaron los dominicos (1517). Los franciscanos se establecieron en Cumaná; los dominicos en Santa Fe de Chichiriviche, pero su convento fue destruido por los indios (1541).
Entre los misioneros, se distinguió particularmente el fraile Bartolomé de las Casas, dominico. Vivamente contrariado por el trato brutal que los conquistadores daban a los indios, obtuvo de la Corona española la región situada entre Paria y Santa Marta, para conquistarla pacíficamente con los religiosos. Trajo, para ello, colonos labradores de Castilla. 
Frai Bartolomé de Las Casas
Desgraciadamente, su proyecto fracasó: al llegar a Puerto Rico, una expedición salía para castigar a los indios que habían asesinado a los dominicos. No logró disuadir a los expedicionarios y hasta los labradores se sumaron a la expedición.
Las vías de penetración en el territorio
           Cuatro fueron las principales vías de penetración a través de las cuales se llevó a cabo la conquista de Venezuela.  
CÓNQUISTA Y COLONIZACIÓN DE ORIENTE
En la zona oriental, arrancó a mediados de la segunda década del XVI; tuvo su asiento inicial en las islas de Margarita y de Cubagua -sobre todo en ésta al comienzo- y luego se extendió a Cumaná en la costa y de allí tierra adentro; el Orinoco fue también en la misma región una vía de acceso temprana, si bien no dio como resultado asentamientos hispanos durante mucho tiempo.
Fundadores de ciudades
Gonzalo de Ocampo, enviado desde Santo Domingo para castigar a los indios, logró la pacificación de la Nueva Andalucía (región de Cumaná) y fundó la ciudad de Nueva Toledo. Pero, acosado por los indios, tuvo que regresar a La Española. No bien se hubo alejado Ocampo, los naturales asaltaron la ciudad e incendiaron el convento de los franciscanos. Por su parte, los habitantes de Cubagua, al verse amenazados por los indios, huyeron a La Española.
Jácome de Castellón, otro conquistador, llegó a Tierra Firme en 1522. Fundó a Nueva Córdoba, hoy Cumaná.
Diego Fernández de Serpa fue el primer gobernador de la Provincia de Nueva Andalucía, que abarcaba los estados actuales de Nueva Esparta, Sucre, Anzoátegui y Monagas. Organizó la ciudad de Nueva Córdoba y le puso el nombre de Cumaná. A orillas del Neverí, fundó la ciudad de Santiago de los Caballeros. Murió en una expedición hacia el Orinoco, al caer en una celada que le tendieron los indios cumanagotos y chacopatas.
CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE OCCIDENTE
Fundación de Maracaibo y Coro
Por el occidente, empieza a comienzos de la década de 1520 con la presencia en las islas de Los Gigantes (Curazao, Aruba, Bonaire) de los agentes de Juan de Ampíes y la fundación por un hijo de a éste de Coro, en tierra firme, en 1527; con la llegada de Ambrosio Alfínger y de los otros gobernadores alemanes nombrados por los Welser se inicia la exploración del territorio, que da por resultado la primera fundación de Maracaibo (1529) y la de otras poblaciones en la costa de Río Hacha (Nueva Granada, Hoy Colombia) más allá del Cabo de La Vela, y en 1545, ya por el español Juan de Carvajal, la de El Tocuyo; desde esta ciudad, situada tierra adentro, la conquista se abrirá en abanico hacia Borburata, Barquisimeto, Valencia, Trujillo. Años antes uno de los gobernadores alemanes, Nicolás de Federmann, partiendo de Coro, había llegado en 1539 a la Sabana de Bogotá, donde le había precedido Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador de Santa Fe de Bogotá.
Los Welsers:
El primer gobernador alemán fue Ambrosio Alfinger. Este se estableció en Coro. Realizó dos expediciones. Al regreso de la segunda, murió a consecuencia de una flecha envenenada.
Nicolás Federniann, teniente de Alfinger, recorrió la región central de Venezuela, cruzó la cordillera y llegó hasta Bogotá. Acusado de robo, fue obligado a volver a España para ser sometido a juicio; allí murió.
Jorge Spira se dedicó a la búsqueda del Dorado. Realizó numerosas correrías y estuvo siempre batallando con los indios. Acusado igualmente de robo, volvió a Europa, donde murió.
Felipe Von Hutten, el último de los Belzares, buscó inútilmente el Dorado durante cinco años. A su regreso a Coro, de una de sus correrías, fue asesinado por Juan de Carvajal.
Buscadores de Oro
Este había sido enviado por la Real Audiencia de Santo Domingo al no saberse noticias de Von Hutten. Carvajal fue el fundador de El Tocuyo (1545), ciudad donde residieron los gobernadores de Venezuela desde 1546 hasta 1577.
Debido a los atropellos de los Belzares y al mal comportamiento de Carvajal, fue comisionado para Venezuela Juan Pérez de Tolosa. Este, al llegar, prendió a Carvajal y lo hizo ahorcar. Mérito suyo es el de haber repartido lo indios en encomiendas. Los indios encomendados debían cultivar la tierra, pero a su vez recibían protección de parte de su patrón encomendero.
Muerto Juan Pérez de Tolosa, Juan de Villegas — nombrado gobernador provisional — dio instrucciones a Pedro Álvarez para fundar a Borburata (1549). En 1577, procedente de Tunja y Pamplona en la Nueva Granada (hoy Colombia) penetran en la región de los Andes venezolanos, dando origen sucesivamente, a las ciudades de Mérida, San Cristóbal, La Grita y Altamira de Cáceres (Barinas)
Diego García de Paredes fundó a Trujillo. Al año siguiente, Juan Rodríguez Suárez fundó a Mérida.
En 1561, Juan de Maldonado fundó a San Cristóbal. En 1569, Alonso Pacheco fundó a Maracaibo y Juan del Tejo a Carora.
En 1577, Juan Andrés Varela fundó a Barinas. En 1591, Juan Fernández de León fundó a Guanare.
CONQUISTA DEL CENTRO
La aparición de minas de oro obligó a los españoles a fundar una ciudad donde se encuentra hoy la de Barquisimeto: Nueva Segovia de Barquisimeto (1552). Su fundador fue Juan de Villegas.
Fue en esas minas, las de Buría, donde se produjo la primera insurrección de negros, capitaneados por el Negro Miguel y que terminó con un completo fracaso.
A pesar de las noticias de que el Centro estaba poblado de tribus guerreras, atraídos por el oro, los españoles abrieron el tercer frente por el Centro.
Y fue un mestizo margariteño, Francisco Fajardo, quien en 1555 comenzó la empresa, aplicando el método de la conquista pacífica. Fajardo logró establecer relaciones con los indios, fundando sucesivamente la Villa del Collado (1559) y el Hato de San Francisco (1560), cual estaba en el sitio en que se encuentra hoy Caracas. En el territorio de los indios Teques fue descubierta una mina de oro.
La avidez de sus compañeros empezó a hacerle la vida imposible a Fajardo. Sustituido por Pedro Miranda, regresó a Oriente, donde fue asesinado.
Pedro Miranda tuvo también que retirarse al poco tiempo. Vino entonces Juan Rodríguez Suárez, quien venció al indomable Guaicaipuro, cacique de. Los Teques, y repoblé el Hato de San Francisco. Guaicaipuro se vengó matando a los tres hijos del español. Más tarde, este mismo cayó en una emboscada.
Diego de Losada

En 1567, Diego de Losada, tras una brillante expedición, fundó a Caracas, el 25 de julio de 1567; venció a Guaicaipuro y sometió a las tribus del Centro.
Creció tan rápidamente Caracas, por su envidiable clima y posición clave que, en 1577, Juan de Pimentel se trasladó a ella con su gobierno, quedando convertida así en tercera capital de Venezuela.
Ya en 1553, Alonso Arias de Villacinda había fundado a Valencia. En 1568, Diego de Losada, fundador de Caracas, fundó también a Caraballeda. En 1584, Sebastián Díaz fundó a San Sebastián de los Reyes. En 1589, Diego de Osorio fundó a La Guaira, que dos años más tarde pasó a ser puerto de la Gobernación en lugar de Caraballeda.
CONQUISTA Y COLONIZAClÓN DEL SUR
Cristóbal Colón y Alonso de Ojeda sabían de la existencia del Río Orinoco, pero fue Vicente Yáñez Pinzón quien penetró por primera vez en él, en 1500.
La primera expedición importante, por el Orinoco, la llevó a cabo, en 1531, Diego de Ordaz, autorizado por el Rey para conquistar las tierras que se hallan entre el Río Amazonas y la Península de Paria. Ordaz remontó el río hasta los raudales de Atures. De regreso para España, murió.
Menos exitosas fueron las expediciones de Jerónimo Ortal. Este, en 1536, envió adelante a su teniente, Alonso de Herrera. La expedición remontó parte del gran río, pero muerto Herrera a consecuencia de una flecha envenenada de los indios, se vio obligada a regresar. Ortal emprendió personalmente otra expedición. Esta fracasó bien pronto, Diego de Ordaz porque las tropas se sublevaron y se dispersaron. 

BIBLIOGRAFÍA 
De Armas Chtty José Antonio (1986) Historia Ilustrada de Venezuela, Caracas,
Mediciencia Editora.
Arocha José y Delgado Miguel (1964) Patria Gloriosa, Historia de Venezuela,
Caracas, Editorial Salesiana.
Fundación Polar (1998) Diccionario de Historia de Venezuela (CDROM) Caracas

Para uso educativo

sábado, 20 de enero de 2018

La Sampablera



La Sampablera 2 de Agosto de 1858 

Enfrentamiento ocurrido en Caracas, el 2 de agosto de 1859, entre liberales (federalistas) y conservadores (centralistas). 
A raíz del golpe de Estado que depone al presidente Julián  Castro (1° de Agosto de 1859), se nombra un gobierno provisional federalista, mientras el comandante de armas de Caracas, Manuel Vicente de las Casas, se prepara para dar el contragolpe y para ello, solicita la presencia del vicepresidente Manuel Felipe de Tovar  o del designado Pedro Gual, a quienes por ley, les correspondía asumir el mando.
Templo de San Pablo
Pedro Gual acepta, siempre y cuando Julián  Castro presente su renuncia para llenar las formalidades requeridas. Castro, detenido y sin apoyo, renuncia el 2 de agosto a la 1 p.m. De las Casas, en defensa de la Constitución de 1858, coordina el contragolpe.
El general Pedro Vicente Aguado sale de La Guaira en apoyo del gobierno provisorio federalista y es sorprendido por los batallones Cinco de Julio y Constitución al mando de sus respectivos jefes, así como por muchos ciudadanos armados, en defensa del poder centralista.
Se desata entonces una encarnizada lucha desde la colina de El Calvario hasta la plaza de San Pablo.
Sector El Calvario
Dominada la situación, rechazadas las fuerzas federales y disuelto el gobierno provisorio, Pedro Gual informó al país que, al cesar en sus funciones el general Castro por renunciar a la Presidencia, le correspondía, como Designado, ejercer el Poder Ejecutivo, de acuerdo a la norma legal.
Vista de Caracas desde el Calvario
Este suceso que mantuvo, durante las 4 horas que duraron los combates, en una terrible consternación a la ciudad de Caracas, dejando 60 muertos, muchos heridos y numerosos detenidos, fue dado a conocer por la tradición criolla como «La Sampablera»; expresión ésta que, además  de su significado histórico específico, ha pasado a constituir un venezolanismo aplicado a las situaciones que se caracterizan por la confusión y el desorden.    


BIBLIOGRAFÍA
Fundación Polar (1998) Diccionario de Historia de Venezuela (CDROM) Caracas

Revolución Azul o Revolución Reconquistadora





Revolución Azul o Revolución Reconquistadora Diciembre 1867 - Junio 1868

Fue un movimiento insurreccional mediante el cual diversos sectores políticos y regionales, más  o menos puestos de acuerdo, derrocaron al presidente de la República Juan Crisóstomo Falcón y a su sucesor interino Manuel Ezequiel Bruzual.
Con las acciones emprendidas bajo el nombre de Revolución Azul se definió, en su fase militar, el conflicto político que existió en 1868 entre importantes núcleos liberales y el gobierno del mariscal Juan Crisóstomo Falcón. Aunque el movimiento insurreccional tiene  fechas precisas de surgimiento y conclusión, las causas por las cuales se originó deben ser rastreadas mucho más  allá  de su cronología inicial. En efecto, pueden fecharse desde 1864, el año siguiente al triunfo de la Guerra Federal y del acceso de su dirigente máximo,  Falcón, a la presidencia de la República.
Los argumentos ventilados en todo este proceso evolucionaron desde ligeros resentimientos personales hasta la impugnación del mandato presidencial de éste, incorporando como último alegato la necesidad de salvar la revolución. En 1864, la disidencia había comenzado a hacer armas, y por espacio de 3 años, acumuló experiencias militares y políticas en casi todo el país, destacándose  entre los enemigos más  encarnizados del gobierno connotados dirigentes liberales quienes, por afinidad de credo político, deberían de haber sido solidarios con el mariscal presidente y su gestión. Se trataba, no obstante, de pronunciamientos regionales exitosamente combatidos. Pero, en 1867, casi no había una localidad significativa donde la represión, desatada para evitar los alzamientos o castigarlos después de disueltos, no agrupara a liberales descontentos. Estos ya propendían más  a un entendimiento con los conservadores para estructurar la oposición antes que a reintegrarse al ideario político del cual procedían; eso sí,  fenómeno curioso, sin renunciar a considerarse militantes del liberalismo.
En septiembre de 1867, se constituyó en Caracas un comité de liberales y conservadores cuyo objetivo básico  era derrocar el gobierno. Sus miembros principales eran los generales Luciano Mendoza y Pedro Ezequiel Rojas, así como Guillermo Tell Villegas, Elías Rodríguez, Martín J. Sanabria y José Antonio Mosquera. Inmediatamente comenzaron a establecer contactos con personas de confianza en otras ciudades. Pero el mayor problema de los liberales opuestos al gobierno era la falta de un jefe nacional con suficiente personalidad para unificarse en torno a él. Llegaron a opinar que lo fundamental era mantener la rebeldía local y cuando se produjeran los levantamientos militares provocados por el deterioro de la situación, entonces surgiría un conductor a quien seguir. En ese estado de cosas, ocurrieron diversos intentos insurreccionales en varias partes del país, incluyendo la fallida revolución, llamada La Genuina y comandada por Luciano Mendoza.
En muchas comarcas surgieron y se fortalecieron grupos guerrilleros que mantenían en jaque a las tropas gubernamentales, y mientras éstas se ocupaban de sofocar unos, otros focos actuaban con relativa libertad.
El 31 de octubre de 1867, Falcón hizo uno de sus frecuentes retiros a Coro, de donde regresó a Caracas el 27 de noviembre; encontró la situación política un tanto complicada pues, al movimiento guerrillero, se agregaba la proximidad de las elecciones, respecto de las cuales se comenzaba a comentar, sin aparente fundamento, que en círculos oficiales se estaba preparando una reforma constitucional para facilitarle a Falcón un nuevo mandato presidencial. 
El 12 de diciembre de 1867 comenzó en Villa de Cura (Edo. Aragua), un movimiento insurreccional bautizado con el rótulo de Reconquistador, el cual reconoció como jefe al general Miguel Antonio Rojas y escogió por distintivo una bandera de color azul, que en definitiva, le daría su nombre a la revolución.
En la misma fecha, en Carabobo, el general Gonzalo Cárdenas  ciñó las armas contra el gobierno y salió en campaña hacia Cojedes. A pesar de las protestas privadas y públicas de Falcón, desmintiendo las aspiraciones reeleccionarias que se le imputaban y a pesar de que el mariscal manifestó, más  de una vez, e intentó demostrarlo, que deseaba evitar la guerra civil, a fines de 1867 ésta era una realidad. Desde enero de 1868, se complicó aun más  la situación militar.
José Tadeo Monagas
El Comité de Caracas trataba de asegurarse ahora el respaldo del general José Tadeo Monagas, quien se mantenía a la expectativa en oriente. La actividad militar recrudeció en los valles del Tuy y en febrero de 1868 los jefes revolucionarios podían hablar de efectivos en armas que sobrepasaban el millar de hombres.
A principios de marzo, las acciones armadas cobraron nuevos bríos en los sitios donde habían prendido. En esos mismos días ocurrió un alzamiento en Barcelona, con el apoyo más  o menos abierto del general José Tadeo Monagas; el 7 de marzo, ya se había extendido a Cumaná;  2 días más  tarde, el gobierno declaró bloqueadas las costas orientales desde la desembocadura del río Unare y el 25 de marzo, el general Monagas, quien contaba más  de 80 años de edad, publicó un manifiesto en el cual tomaba partido contra el gobierno.
La revolución, por lo tanto, tenía ya 2 jefes: el general Miguel Antonio Rojas, el comandante del movimiento Reconquistador en el centro y José Tadeo Monagas, el caudillo de oriente. La situación nacional empeoró con la instalación del Congreso en Caracas el 24 de abril, pues la oposición, que lo controlaba, pretendió excluir a los senadores y diputados que hubiesen prestado servicios públicos o militares al gobierno; se aproximaba la elección de los designados a la presidencia, y así sería fácil  a los disidentes escoger 2 hombres de confianza.
El Congreso dejó de funcionar por falta de quórum en la Cámara  de Diputados; en consecuencia, el acto legislativo de la elección de los designados no podía cumplirse porque una sola cámara  no formaba Congreso. Ante esta situación, Falcón resolvió reorganizar el gobierno el 28 de abril; nombraría nuevos ministros y se retiraría de la presidencia para ponerse al frente del ejército; los ministros eligieron entre ellos un presidente-encargado, el cual fue el general Manuel Ezequiel Bruzual, quien asumió el cargo el día 30 de abril. Mientras tanto, las partidas revolucionarias al mando del general Miguel Antonio Rojas se disponían a lanzar una campaña sobre Caracas y los estados orientales se aprestaban también a la acción militar.
En occidente, el general Pedro Manuel Rojas amenazaba con llevar la guerra al Apure. Yaracuy se convertía en un nuevo campo de operaciones y el general Luciano Mendoza volvía a entrar en actividad con su gente en los valles del Tuy. Pero la revolución seguía careciendo de un jefe único. El 4 de mayo, Falcón marchó a Coro y no volvió a tener figuración política.
El 5 se libró un combate entre Antímano y Palo Grande, al oeste de Caracas, en el que se enfrentaron las tropas del gobierno y las de Miguel Antonio Rojas. El 6 de mayo, otros insurrectos atacaron por el oriente de la ciudad, entre la Candelaria y San Lázaro; la capital estaba rodeada.
Antimano. Estación del Ferrocarril
Los jefes militares de ambos bandos convinieron en una tregua para realizar conferencias de paz, a resultas de las cuales, el día 11 de mayo, se firmó un convenio, el llamado Tratado de Antímano, por el que Rojas reconocía la constitucionalidad del gobierno, se unía a esa administración con sus tropas y era nombrado comandante en jefe de los ejércitos de occidente, centro y oriente de la República. Ratificado el tratado el día 13, el 16 hizo su entrada a Caracas el ejército Reconquistador, pasando a ejercer su cargo el general Rojas. La reacción de los orientales no se hizo esperar: un grupo revolucionario que desconocía el convenio reconoció como jefe al general José Tadeo Monagas, quien lanzó desde su cuartel general de Barcelona una proclama anunciando la marcha de las fuerzas a su mando sobre Caracas, contra lo que calificó de una «usurpación». De inmediato, este pronunciamiento encontró eco en Caracas, Valencia, Soledad, La Victoria y Maracaibo.
El 12 de junio llegó Monagas a Guatire con su ejército; desde allí envió emisarios a oír las proposiciones de paz que pudiera hacerle el gobierno. El propio general Bruzual se apresuró a tratar con Monagas, ante quien pretendió sostener las bases del acuerdo suscrito con el general Miguel Antonio Rojas, rechazando además  la exigencia de renuncia de Falcón que hacía el ejército de oriente.
El fracaso de las conversaciones señaló el comienzo de las hostilidades. El 22 de junio se rompieron los fuegos en Chacaíto y el 25 el pabellón azul ondeaba en la plaza Bolívar de Caracas; el 26 entró a la ciudad José Tadeo Monagas y el 27 lanzó un decreto anunciando los propósitos institucionales de la revolución. Nombró un gabinete de entre cuyos integrantes debía escogerse un presidente provisional; al día siguiente, este cuerpo eligió para dicho cargo a Guillermo Tell Villegas, quien había sido nombrado ministro de Relaciones Exteriores. José Tadeo Monagas se reservó el comando general del ejército, como garante de la estabilidad institucional y en nombre de la Revolución Azul. Con estos acontecimientos se inició el régimen, denominado gobierno de «los azules» en la historiografía venezolana.   

BIBLIOGRAFÍA:
Álbum de la Revolución: regalo a los suscriptores de «El Pensamiento Libre». Caracas: Imprenta de los Estados Unidos de Venezuela, 1868;
ALFONZO, LUIS GERÓNIMO. La revolución de 1867 a 1868. Caracas: s.n., 1868; Contra manifiesto. Caracas: [La Juventud Liberal de Caracas, 1868];
Fundación Polar (1998) Diccionario de Historia de Venezuela (CDROM) Caracas

HENRÍQUEZ, JOSÉ RAMÓN. Un capítulo para la historia de nuestro tiempo. Caracas: Imprenta de los Estados Unidos de Venezuela, 1868.

La Guerra Federal Venezolana



La Guerra Federal  




Guerra civil venezolana, también conocida con el nombre de Guerra Larga, Revolución Federal o Guerra de los Cinco Años, utilizada esta última denominación por aquellos historiadores que sitúan el comienzo de la guerra con los primeros alzamientos ocurridos contra el recién instaurado gobierno de Julián Castro (mayo-julio 1858).

Con la Revolución de Marzo de 1858, comenzó la cadena de acontecimientos que encendió la chispa de la Guerra Federal. Bajo la dirección de Julián Castro, el movimiento insurreccional prometía liberar a todos los trabajadores, sirvientes y campesinos que tomaran las armas de las deudas que tuvieran con sus patronos, sumas éstas que serían financiadas por la Tesorería nacional al triunfar la revolución. Pero, una vez consolidado el nuevo gobierno, el predominio del elemento conservador en su seno junto con las medidas de retaliación contra cualquier intento de oposición, reavivaron la lucha.
El 7 de junio de 1858, un decreto del presidente Castro ordena la expulsión de Venezuela de Juan Crisóstomo Falcón, Ezequiel Zamora, Wenceslao Casado, Antonio Leocadio Guzmán,  José Gabriel Ochoa, Fabricio Conde y otros futuros jefes de la contienda armada, mientras en los valles de Aragua, en la sierra de Carabobo y en los llanos de Portuguesa se levantan en armas, bandas de «campesinos armados», bajo el liderazgo de «hombres oscuros» (es decir mestizos) como Zoilo Medrano o José de Jesús González,  el Agachado, quien había acompañado a Zamora en la rebelión de 1846. Mientras la insurrección se extendía, el Gobierno se encontraba cada vez más  incapacitado para suprimir tales estallidos; a medida que se propagaba la revuelta, se aceleraban su vigor y su ritmo.
Rumores de que el Gobierno de Casto se proponía restablecer la esclavitud y que los hierros que se utilizaban para marcar los sacos de añil serían, en realidad, hierros para marcar a los futuros esclavos, servían para exaltar el terror de las poblaciones rurales a las cuales se les decía, además,  que iban a ser vendidas a los ingleses quienes, supuestamente, iban a utilizar su carne para hacer jabón y sus huesos para fabricar mangos de cuchillos y de bastones.
En respuesta, las consignas de: «¡Mueran los blancos!» y «¡Hagamos una nación para los indios!», eran muestras del grado de violencia alcanzado. Mientras tanto, la reunión en Valencia de una Convención Constitucional intentaba traducir los principios de la Revolución de Marzo en términos de un programa político.
Los diputados liberales ante la Convención se hicieron voceros de un sistema federal de gobierno, el cual, junto con el sufragio universal era, según ellos, «…lo que se necesitaba para asegurar la estabilidad de Venezuela…»
La nueva Constitución del 31 de diciembre de 1858 buscaba conciliar los puntos de vista liberales y conservadores. Sancionaba el sufragio universal de varones, reafirmaba la abolición de la esclavitud y esbozaba unas reformas en sentido federalista con la elección de gobernadores de provincia y mayores poderes para los municipios.
Pero, en realidad, la nueva Carta Magna se encontraba desfasada con relación al desarrollo de los acontecimientos en el país. Desde el destierro, en las vecinas islas caribeñas de Curazao y Saint Thomas, los jefes liberales expulsados en junio de 1858 se organizaban, preparaban tropas, elaboraban programas (destacándose  entre ellos el Programa de Federación, elaborado en Saint Thomas por la Junta Patriótica de Venezuela, presidida por Félix María Alfonzo). En agosto de 1858, un intento de los liberales para derrocar a Julián  Castro, conocido como La Galipanada, es debelado y fracasa; pero el domingo 20 de febrero de 1859, el comandante Tirso Salaverría, seguido de 40 hombres, asalta con éxito el cuartel de Coro, se apodera de 900 fusiles y lanza el «Grito de la Federación», cuya fecha pasará  luego a formar parte del escudo nacional, al lado de la fecha del 19 de abril de 1810. La guerra había empezado.
La Guerra Federal no involucró a todo el territorio venezolano. Los combates más  importantes quedaron circunscritos a la zona de los llanos altos y bajos (el territorio de los actuales estados Barinas, Portuguesa, Cojedes, Apure y Guárico);  varios brotes se registraron en la zona central (estados Falcón, Lara, Yaracuy, Carabobo y Aragua), así como en el oriente (principalmente en el territorio de los estados Anzoátegui  y Sucre), pero se trataba en estos casos de actividades de guerrilla que sólo lograron cobrar importancia en los últimos meses de la contienda. Regiones enteras del país, como los Andes, Guayana y el Zulia se mantuvieron prácticamente  al margen de la lucha.
En los Andes, particularmente, se rechazaron, en varias oportunidades, las incursiones de los «vándalos  de Apure», como así los llamaron.
Los efectos de la guerra sobre la economía del país han carecido de una evaluación precisa. Si bien es cierto que la ganadería quedó disminuida (resultado lógico de la concentración de los combates en las zonas de tradición pecuaria), aunque las estimaciones dadas de 7.000.000 de cabezas de ganado perdidas han sido fuertemente cuestionadas con toda la razón, por el historiador Eduardo Arcila Farías en vista de su falta de verosimilitud, otros rubros de la producción no sufrieron igual mengua. El café, en particular, extiende su predominio en la zona andina y, en Guayana, se inicia el ciclo del «boom algodonero» provocado por las incidencias de la Guerra de Secesión de Estados Unidos (1860-1865).
El problema aquí surge, en gran parte, debido a la carencia de cifras, producto del desbarajuste de los organismos de control y fiscalización de las aduanas; pero la falta de documentación estadística no equivale siempre a una ausencia de producción. Para lograr una comprensión del fenómeno, conviene analizar la Guerra Federal desde el triple aspecto militar, político y social. Durante el tiempo en que duró la contienda armada, el debate político, centrado en Caracas, giró en torno a la oposición tradicional entre los sectores liberales y conservadores. 
Roto el consenso inicial de la Revolución de Marzo de 1858, Julián  Castro buscó la alianza de uno u otro bando con el fin de lograr su propia permanencia en el poder. Sus maniobras, sin embargo, sólo lograron acelerar su caída (1.8.1859); el  establecimiento de un efímero Gobierno provisional federalista que dura menos de 24 horas y que, después del episodio de La Sampablera (2 de Agosto de 1859), es reemplazado por un nuevo Gobierno de tendencia conservadora. Sin embargo, dentro del propio Partido Conservador, se enfrentan 2 tendencias: la de los «constitucionalistas» o «legalistas», voceros de un Gobierno civilista y que apoyan a Manuel Felipe de Tovar y Pedro Gual; y la de los «dictatoriales», encabezados por Pedro José Rojas, quienes promueven la figura de José Antonio Páez  como única salida para restablecer la paz.


El segundo regreso de Páez  a Venezuela, en marzo de 1861, sirve para agudizar estas tensiones que resultan en el derrocamiento del presidente Pedro Gual (2 de Agosto de 1861) y la proclamación de una dictadura, encabezada por Páez  pero dirigida, en realidad, por Pedro José Rojas. Con la instauración de este gobierno dictatorial, el partido conservador quedó formando agrupaciones sin dirección y sin programa específico; y es dentro de este contexto que debe entenderse el documento redactado y firmado por representantes de la burguesía comercial caraqueña (el sector civilista del conservadurismo), quienes, dirigiéndose a la Cancillería británica  a través de la misión diplomática  inglesa en Caracas, imploraban la intervención de Inglaterra, a cambio de la oferta de «…desprenderse del territorio de la Guayana y negociarlo con la Gran Bretaña, pagando con él la deuda extranjera contraída con súbditos ingleses, y además  la deuda externa de la República…» (22 de Noviembre de 1861). Se trataba, en ese sentido, de pedir una intervención, tanto contra los insurgentes federalistas como contra el Gobierno paecista que había iniciado, para esa fecha, unas conversaciones con Falcón en busca de un entendimiento político. Estas conversaciones, llevadas a cabo en la sabana de Carabobo (diciembre 1861), no lograron resultado favorable, prolongándose  la lucha hasta las negociaciones del Tratado de Coche, en abril de 1863.


En el plano militar, la Guerra Federal fue, esencialmente, una guerra de guerrillas. Fue, también, en sus inicios por lo menos, la primera contienda armada en que se utilizó la recién instalada red del telégrafo eléctrico como medio de información; pero, al poco tiempo, la destrucción de los cables y de las estaciones telegráficas  paralizaría este servicio. Sólo durante el primer año (febrero 1859-febrero 1860), se puede hablar de una unidad de mando en el seno del Ejército federalista, en el desempeño de la cual Ezequiel Zamora, hasta su muerte inesperada en San Carlos (10 de Enero de 1860), demuestra unas destacadas cualidades como estratega.
Tres grandes batallas constituyen hitos de excepción en el desarrollo de los combates: la de Santa Inés (10 de Diciembre 1859) en que Zamora, al mando de 3.400 hombres, derrota al Ejército del Gobierno de 2.300 hombres, bajo el mando del general Pedro Ramos, con un saldo de 1.200 bajas entre ambos bandos aproximadamente; la batalla de Coplé (17de Febrero 1860) en que las fuerzas gubernamentales del general León de Febres Cordero derrotan al Ejército federalista bajo el mando del propio Falcón que contaba 4.500 hombres, y la batalla de Buchivacoa (días 26 y 27 de Diciembre 1862) en que los generales federalistas Manuel Ezequiel Bruzual y José González,  al mando de unos 3.000 hombres, derrotaron a los 2.500 soldados del general Facundo Camero. Pero, en realidad, fue la batalla de Coplé la que decidiría el curso general de la guerra. Después de la derrota sufrida, Falcón resuelve dispersar su ejército y, prácticamente  hasta la negociación final, salvo en la batalla de Buchivacoa antes mencionada, el resto de los encuentros armados no involucró, en promedio, a más  de 300 combatientes en uno y otro bando. Según los datos compilados por Manuel Landaeta Rosales, entre 1859 y 1863, se libraron 2.467 acciones guerrilleras y 327 «batallas» que conforman el marco de referencia para la cronología militar de la Guerra Federal.
El saldo en vidas de la contienda no se ha podido determinar con precisión: las estimaciones varían entre 150.000 y 200.000 muertos (sobre una población total de aproximadamente 1.800.000 hombres, o sea entre un 8% y un 11% de la población del país), aunque es necesario señalar que la malaria y las disenterías cobraron probablemente un número mucho mayor de víctimas que los combates propiamente dichos. Desde un punto de vista demográfico,  además  de la pérdida en vidas humanas, la Guerra Federal generó un importante proceso de movimiento de poblaciones, tanto por los combatientes que desplazó dentro de los teatros de operaciones guerrilleras como por las migraciones que suscitó, particularmente desde los llanos de Barinas y Portuguesa hasta la zona andina.
En la Guerra Federal, la dirección política de la insurrección, especialmente después de la muerte de Ezequiel Zamora, la desempeñan los terratenientes, capas sociales de la pequeña burguesía urbana y caudillos militares ideológicamente aburguesados, oprimidos pero no explotados por el orden político dominante…» Este hecho ayuda a entender el desfase, particularmente durante los inicios de la contienda, entre los manifiestos que justifican la rebelión y la reacción popular que suscitan.
El programa político del propio Zamora era de naturaleza esencialmente intelectual, primordialmente político y más  bien moderado que radical: exigía la abolición de la pena de muerte, la prohibición perpetua de la esclavitud y el sufragio universal combinado con el principio alternativo de gobierno. Pero, el «Grito de la Federación» traía consigo nuevamente la irrupción violenta en el escenario venezolano de las masas llaneras. Al igual que en 1813-1814 con las huestes de José Tomás  Boves, el ansia igualitaria de la «sociedad llanera» se enfrenta a la «sociedad jerárquica»  que de hecho, han mantenido las instituciones republicanas del país. Más  que una «insurrección campesina», en el sentido europeo de la palabra, la Guerra Federal presenció un renovado intento de fusión entre 2 realidades sociales y raciales, blancos contra razas mezcladas, de la Venezuela agraria.
Por ello, el período de 1859 a 1860, cuando la insurrección se concentra y cobra fuerza en los llanos apureños, portugueseños y barineses, es visto como el año de la gran amenaza, de la grande peur. De allí la insistencia de muchos autores en destacar los aspectos de «barbarie» que caracterizaron muchos episodios de la contienda.
Muerto Zamora y dispersado el Ejército federalista después de la batalla de  Coplé, el impacto social del movimiento se atomiza. Las tropas federales, armadas de formularios en blanco firmados por Falcón o por otros jefes, otorgaban ascensos y títulos militares a lo largo y ancho del país.
Como señala José Gil Fortoul «…había coroneles y capitanes analfabetos, y antiguos esclavos convertidos en generales; ellos no sabían leer ni escribir, pero todos tenían licencia para saquear, destruir y matar…» Sin embargo, en términos de sus consecuencias, la Guerra Federal no modificó las estructuras de una sociedad agraria tradicional. La solución conciliatoria adoptada con la firma del Tratado de Coche, en abril de 1863 consagró el triunfo nominal de la Federación, aunque en la práctica  este principio político nunca pasó de ser una ficción. Falcón distribuyó liberalmente los frutos de la victoria entre él mismo y sus compañeros más  allegados. Se le atribuye en ese sentido al general federalista José Loreto Arismendi la cínica o desencantada declaración «…luchamos cinco años para sustituir Ladrones por Ladrones, Tiranos por Tiranos…» Al lado del «blancaje» que seguía en la cúspide del poder político y económico, comenzaron a figurar apellidos de «origen oscuro», surgidos de la lucha. Pero, dentro de la realidad histórica concreta de la Venezuela de mediados del siglo XIX, el fundamento material de una sociedad oligárquica  continuaba intacto. «Crisol de la igualdad social», «insurrección campesina», «guerra revolucionaria», «guerra racial», han sido algunos de los calificativos con los cuales se ha intentado caracterizar la Guerra de los Cinco Años.
El debate en torno al federalismo nunca pasó de ser un intercambio ideológico entre las élites políticas del país. Quizás,  entonces, deba buscarse el significado más  profundo de la Guerra Federal en el proceso integrador que representó para 2 sociedades venezolanas antagónicas y en pugna.

Bibliografía
Fundación Polar (1998) Diccionario de Historia de Venezuela (CDROM) Caracas

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